lunes, 27 de enero de 2014

Así empezó todo

El 25 de enero de 2014, encontré, en un mueble de una habitación que no utilizo, un tesoro. Se trataba de una colección documentos de mi abuela, mi abuelo y sus padres, que permanecían ocultos en una cómoda, sepultados por insulsas facturas de la luz.


A pesar de llevar tres años viviendo en este domicilio, que perteneció a mi abuela, nunca se me ocurrió abrir la cómoda y mirar más allá de la primera capa de facturas de la luz, las joyas y otras cosas suyas. No me resultaba agradable mirar allí. Sólo hace tres años y medio que falleció y hay cosas que aún duele ver.

Cuando escarbé más allá de las facturas, intentando ver si había documentos legales que valía la pena conservar, me topé con un libro de familia de hace mucho tiempo (parece de los primeros del Franquismo, posiblemente del año 1939) y con algo que apenas tiene valor legal o histórico, pero de gran valor sentimental: la fotocopia de una carta que mi bisabuelo Félix Bocos Pastor envió a mi bisabuela.

No es una carta de amor, no es una despedida, no es literatura ni un poema, aunque comienza con un "Querida Rosario" y firma con un "Te quiere Félix"; es simplemente una lista de cosas que mi bisabuelo necesitaba que mi bisabuela o alguien le trajera a la cárcel y en la que pedía que ella tuviera paciencia mientras intentaban maniobrar de tal modo que sus "amistades" pudieran "hacer algo".

Algo tan aparentemente ordinario y ciertamente más pragmático que sentimental fue suficiente para humedecer mis ojos de emoción. Cuando publiqué en mi perfil de Facebook mi hallazgo, mi familia se sorprendió tanto como yo y me pidieron que trascribiera la carta, hiciera fotos de la misma e, incluso, me pidieron que siguiera averiguando las historias y buscando documentos de otros familiares, y que pusiera por escrito mis éxitos o fracasos en la difícil tarea de tejer el tapiz familiar.

Y así llegamos hasta este momento, cuando escribo estas líneas de la primera entrada del blog 'Historias de una familia'. Mi familia. Veremos a dónde llegamos en esta aventura. ¿Me acompañáis?

Carlos Marina

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